1-1: Un Madrid penoso pierde el liderato

Tras una actuación nefasta, el Real Madrid volvió a dejarse dos puntos (y el liderato) ante un rival muy modesto. Si nos atenemos a lo visto hasta el momento, esta temporada puede ser la muerte a pellizcos.
El Madrid salía con un once bastante canónico, con la salvedad de Fran García en el lateral izquierdo y el retorno de la pareja de centrales teóricamente titular en los tiempos preHuijsen, o sea, Militao-Rüdiger (ambos serían los mejores del equipo). Las primeras sensaciones indicaban que, en la ya clásica dicotomía Jude por detrás-Güler más adelante o viceversa, que el turbo se situaba más adelantado y por la derecha.
Los primeros compases fueron prometedores, con un Bellingham muy implicado en el robo y la creación de juego y una interesante presión alta. También se veía a un Trent muy activo. Güler chutó fuera a pase de Mbappé. La actitud parecía la adecuada y el juego casi se circunscribía al campo local. Como muestra de la buena presión blanca, Mbappé lanzó fuera tras robar astutamente un balón cerca del área rival, donde veíamos al mismísimo Militao robando también. Los minutos confirmaban que Jude jugaba de centrocampista-centrocampista, Borussia-style. A los de Xabi, con todo, les faltaba profundidad y amenaza.
A los 21 minutos, un gran balón largo de Militao se tradujo en una jugada espectacular por la derecha. El gran centro de Trent no encontró rematador, lo que vuelve a sugerir cuánto más podría el Madrid aprovechar a este jugador con un nueve nato. A todo esto, el público local la tomaba con Vini en virtud de quién sabe qué antiguas e irrestañables afrentas.
Curiosamente, las jugadas más peligrosas, sin embargo, cayeron del lado local, con disparos inquietantes de Tsygankov y Ounahi que hacían presagiar la entrada en modo pájara de los visitantes. No fue del todo así y el Madrid recuperó la posesión, si bien en la misma tónica general de no crear apenas peligro, como con frecuencia les pasa ante los bloques bajos. El Girona competía bien, y los de Xabi solo amenazaban a través de pases largos de Trent.
En el minuto 37, un gran centro de Mbappé lo remató de cabeza Militao, forzando el paradón de Gazzaniga. Fue el preámbulo del gol blanco… anulado por mano de Kylian. “Coitus interruptus”, soltó Falstaff en el chat de La Galerna. Honestamente, acertó el VAR.
Al Madrid estas cosas le suelen descomponer, y así fue. Propende el Madrid a desconcentrarse, sobre todo en defensa, y Ounahi lo refrendó con un gran remate.
1-0, y con esta preocupación al descanso.
Xabi sentó a un Güler nefasto, en beneficio de Camavinga. No había sido el único jugador inoperante. Vinícius también había estado funesto. Los primeros minutos de la segunda mitad apuntaban al mismo darse de bruces contra la pared. Podíamos estar así un año y medio y no solo sin marcar, sino sin crear ocasiones reseñables también.
Militao se multiplicaba. Defensa y delantero. Remató un buen centro de Tchouaméni, pero lo paró Gazzaniga sin gran esfuerzo. Pudo haber mano del defensa que le obstaculizaba. La tragedia se mascó en un contragolpe de los locales que obligó a Courtois a hacer la parada de la noche. Truculento comienzo de la segunda mitad, en línea con el final de la primera. Mbappé estaba voluntarioso, pero al final la cosa se fiaba a las incursiones y los centros de Fran García, también voluntarioso, pero en su caso solo voluntarioso. Si el plan eran esos centros laterales, al menos podríamos jugar con Gonzalo. Con Endrick. Con Santillana. Con quien fuera. El Madrid se puso a apretar, pero Gazzaniga decidió tirarse al suelo a interrumpir ese estado de cosas. Y lo consiguió, claro.
En el minuto 64, una incursión de Vini (lo único que había hecho hasta el momento) forzó el penalti de Rincón. Mbappé convirtió.
El Madrid se pudo a presionar en serio. Militao robaba el balón por todos. De Burgos Bengoetxea se oponía a los brotes verdes, señalando una falta inexistente (y tarjeta) de Camavinga que por poco se traduce en el 2-1 por el inexistente marcaje defensivo de los de Xabi, que metió a Rodrygo en lugar de Tchouaméni, reconstruyendo el equipo. Mbappé pecó de exceso de generosidad tras un gran pase de Bellingham. Quiso, precisamente, dejar el gol a Rodrygo, que le acompañaba.
Camavinga había mejorado las prestaciones de Güler, aunque fuera por presencia, y el equipo amagaba con carburar, sin conseguirlo del todo. Un contragolpe magistral, tejido por Mbappé y Vini, acabó con un tiro del brasileño rozando la escuadra. Antes, pudo haber penalti a Rodrygo.
El Madrid encerraba atrás a los catalanes. Quedaban diez minutos. Presionaban al máximo los de Xabi. De Burgos tomaba decisiones bochornosas, como una falta de Bellingham por un presunto manotazo del inglés. Al borde del descuento, entraron Gonzalo y Carreras, por Fran… y Trent, el único que puede meter centros a Gonzalo. Este cronista golpeó la mesa al mejor estilo RAC1. Pero ni comparación con la que pegó cuando Mbappé echó la última fuera.
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