Robert Sánchez: ¿sobrado o ‘padre’?

Robert Sánchez, con la euforia propia del que acaba de completar una noche perfecta, dejó varias declaraciones picantes. Venía de ganarle 0-3 al Barça y de dejar su portería a cero (la novena del curso). No es moco de pavo para un guardameta. Entonces, el murciano, que no dudó en señalar a Lamine Yamal asegurando que Cucurella “lo tiene en el bolsillo”, aprovechó también para poner sobre la mesa un debate que siempre prende rápido: “Todo el mundo es muy bueno hasta que viene a la Premier League”.
Un dardo a LaLiga que se clavó en el centro de la diana. Lo cierto es que, si valoramos los últimos resultados, que son irrefutables, la liga inglesa está claramente por encima de la española. No es una opinión. De los nueve enfrentamientos directos entre clubes ingleses y españoles esta temporada, ocho los han ganado los ingleses. La única victoria española fue el 1-2 del Barça en Newcastle. Eso sí, conviene tener en cuenta otro dato irrefutable: los equipos de LaLiga solo han jugado dos veces como locales. Que todo cuente.
La Premier League, en los últimos años, ha exhibido un músculo financiero inigualable y, cada vez, un nivel deportivo más alto. En la competición inglesa se viven fenómenos tan llamativos como que un equipo de media tabla y sin aspiraciones sea capaz de arrebatarle fichajes a un club que pelea por puestos de Champions League en LaLiga u otra competición puntera en Europa. El resultado es que los mercados de fichajes parecen propios de un videojuego, con inversiones sin complejos y plantillas cada vez más cargadas de estrellas.
Un contexto que, a priori, respalda la opinión de Robert, pero no evita la pregunta inevitable: ¿tiene razón? ¿La diferencia es tan grande como él insinúa? ¿Es él, precisamente, una voz autorizada para afirmarlo con tanta seguridad? Conviene recordar primero que Robert Sánchez no sabe lo que es jugar en Primera División en España. Tras su paso por el fútbol base de Cartagena y Levante, emprendió muy joven el camino hacia Inglaterra. Poco a poco se ganó un sitio en el Brighton y saltó al Chelsea a cambio de veintitrés millones de euros en 2023. Toda su carrera profesional la ha construido en la Premier y, por lo tanto, su mirada está claramente condicionada por eso.
En contraposición, ahora se están viralizando las palabras de Zlatan Ibrahimovic de hace un tiempo. El sueco sí sabe lo que es competir en mil contextos distintos: Suecia, Holanda, Italia, España, Francia, Inglaterra, Estados Unidos… Un mapa futbolístico impresionante y miles de experiencias distintas, tanto para lo bueno como para lo malo. Reconocido por su carácter directo y duro, fue más cauto al valorar las distintas ligas en las que ha jugado. De LaLiga destacaba que los equipos “siempre intentan jugar, incluso sin ser los mejores de la competición”. De la Serie A decía que es “muy táctica, muy estudiada. Se centra más en defender que en atacar”. Y de la Premier afirmaba que “van a toda velocidad. Aunque seas técnicamente un fuera de serie, sufrirás si no aguantas el ritmo”.
Al final, todo se resume en opiniones. Pero no hay que ser oportunista ni, quizá, tan contundente. Siguiendo la máxima de Robert Sánchez, la selección española debería haber perdido ante Inglaterra, con un equipo ‘made in Premier’, en la final de la Eurocopa de 2024. Ese día, el meta del Chelsea, que no estaba citado en el Olímpico de Berlín, ¿pensaba lo mismo?
En el fútbol no hay nada escrito, y eso es lo que lo hace grande. Hay futbolistas que triunfan en la Premier y no en LaLiga. Entonces, escuchando a Ibra, ¿es lícito decir que son grandes atletas porque aguantan el ritmo de la Premier, pero malos futbolistas porque brillan en una competición que apuesta por un juego más elaborado? Simplemente, no todos encajan en todos los contextos.
Y, por cierto, si un extremo con el número diez en la espalda hubiese dicho algo parecido, hoy estaríamos hablando de que está crecido, de que se ha venido arriba y de que debería bajar dos tonos. Personalmente me gusta que en el fútbol haya algo de polémica. Le pone picante y le da más emoción. Pero ya se sabe: hay doble vara de medir. Depende mucho de quién suelte la frase se le considera un sobrado o, como se suele decir hoy en día, un verdadero ‘padre’.




